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El inicio de los casos de trastorno de pánico comienzan por personas que viven previamente ansiedad y estrés constantes pero como son tan sutiles los síntomas y repetitivos, que se perciben normales por lo que no se percatan de ellos, es decir las repetidas situaciones de estrés van activando nuestro sistema nervioso,  hasta que un día por una situación más tensa y de mayor estrés se detone un episodio de crisis de angustia o de pánico.

Bajo la teoría Biofisiosocial de Barlow (1988), el ataque de pánico inicial es pensado como una falla del sistema de alarma bajo circunstancias estresantes y cierta vulnerabilidad tanto fisiológica como psicológica.

“Es una terrorífica experiencia ya que literalmente se siente como morir, es una sensación de perder todo el control sobre uno mismo donde el límite entre estar consciente y volverse loco es muy  difusa, de pronto comienzan a surgir síntomas como escalofríos, taquicardias acompañados de fuertes bochornos, incluso dolores de pecho que juras que estas teniendo un paro cardiaco por lo que te quedan unos segundos para morir”.

Este es solo un ejemplo de un testimonio verídico, los síntomas suelen ser más o menos parecidos para las personas que hayan vivido alguna experiencia similar, los más comunes que están asociados a un crisis son: Taquicardia, palpitaciones, sudoración, temblores, sensación de ahogo, opresión o malestar torácico, mareos, hormigueo en las extremidades, nauseas, escalofríos y sofocos.

Posterior al ataque, lo que se siente es un gran agotamiento psicofísico acompañado del temor de volver a sentirse mal (miedo al miedo) y al no encontrar una explicación válida a su aparición, lo que se piensa sobre las sensaciones de pánico toma un papel fundamental.  La persona está hipervigilante, no descansa y pierde seguridad.

Para que exista un trastorno de pánico  es necesaria la presencia de ataques recurrentes y que al menos una de las crisis haya sido seguida durante un mes de uno o más de los siguientes síntomas:

  • Preocupación  extrema ante la posibilidad de tener otra crisis
  • preocupación por las consecuencias o implicancias de las crisis
  • Cambio significativo del comportamiento relacionado con las crisis

Los detonadores suelen ser muy variados se pueden desencadenar:

  • espontáneamente como el del testimonio anterior
  • Por determinados estímulos (fobias o posterior a un evento de estrés postraumático)
  • De origen químico: el consumo de origen de consumo de sustancias estimulantes

Todos estos acompañados de pensamientos fatalistas hacia un futuro terrorífico o un objeto que no represente un peligro eminente, es decir la mayoría de las rumiaciones y pensamientos van relacionados con miedo:

  • A una desgracia física como lo es una enfermedad “no puedo respirar, me voy a asfixiar, me esta dando un infarto,  se me esta adormeciendo todo el cuerpo, me voy a desmayar”
  • A volverse loco “algo no está bien conmigo, porque me dicen que no tengo nada si siento todo”  “porque lo siento nada más yo”
  • Perder el control de sí mismos “tengo miedo a volver a sentir un ataque y no poderlo controlar”

Estos pensamientos tienen ciertas características:

  • Son  breves y fugaces
  • No son cuestionados por lo que son creidos fielmente
  • Involuntarios
  • Negativos o catastróficos
  • Focaliza sólo el pensamiento dejando todo lo demás afuera (atención selectiva)

 

Algunos consejos (3):

        1. Es fundamental cuestionarnos y observar nuestros pensamientos para comenzar a conocerlos y remplazarlos por unos que nos den más tranquilidad, algunas preguntas para reconocerlos son:

  • ¿Qué pasó por mi cabeza mientras estaba ansioso?
  • ¿Qué pienso que puede pasar?
  • ¿Qué es lo peor que puede pasar?

      2. Confiar en nosotros y en nuestra capacidad de cambiar los pensamientos, tomar como referencia de cómo lo manejábamos antes y        reconociendo que puedes estar calmado, con ello puedes hacer ejercicios de respiraciones inhalar 4 tiempos, sostener 1 y exhalar 7 (hacer 5      repeticiones).

       3.Luego continuamos con la búsqueda de pensamientos alternativos:

  • ¿Existe alguna explicación alternativa a lo que pienso?
  • ¿Puedo explicar de otra manera lo que sucede?
  • ¿Qué podría pensar otra persona?
  • ¿Existen otros puntos de vista?
  • ¿Qué pensamientos me provocan más paz?

Paralelamente  es importante acudir  con un especialialista para tratar lo que está detrás de estos síntomas, estar en el presente y reestructurar nuestros pensamientos para vivir sin temor.

 

Referencias:

  1. Javier Schlatter Navarro. (2003). La ansiedad un enemigo oculto. España: Universidad de Navarra.
  2. Ballester y Botella (1997) “Trastorno de pánico: evaluación y tratamiento” Martínez Roca. Barcelona España.
  3. Lic. Lorena Frangella Lic. Monica Gramajo. (2002). Manual psicoeducativo para el consultante trastorno de pánico, de Fundación FORO Sitio web: www.fundaciónforo.com
  4. Elia Roca. (2016). Trastorno de pánico y su tratamiento Terapia cognitiva Focal en Terapia de grupo. 2018, de Universidad de Valencia Sitio web: http://www.cop.es/colegiados/PV00520/

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