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Tener una comunicación constante con nuestro cuerpo nos vuelve más consientes de nosotros mismos y podremos evitar enfermarnos o detener a tiempo el desarrollo de la misma. La pregunta sería ¿Cómo podemos tener esta comunicación?

Para llegar a este entendimiento es necesario desarrollar la atención plena, estar atento en el aquí y ahora, disfrutando y aceptando el momento en completa presencia. Sólo es observar activa y abiertamente nuestros síntomas,  tratar de visualizar en donde están localizados, para posteriormente tratar de comprender su origen y el tiempo en el que se gestaron, cuestionarnos qué circunstancia estábamos viviendo en ese momento para encontrar una posible relación.

Desde principios del siglo pasado, Wilhelm Reich y Alexander Lowen comenzaron a estudiar la estrecha correlación del cuerpo con la salud emocional. Lograron comprobar que el cuerpo es la memorización y expresión de las experiencias vitales, de esta forma la estructura corpórea iba cambiando acorde a la restricción, supresión o manifestación emocional de las personas.

El cuerpo por si solo ya ejerce una sabiduría propia para funcionar, y cuando necesita algo, o se encuentra en desequilibrio, se manifiesta por medio de señales a las que les llamamos síntomas, los cuales se pueden manifestar físicamente o mentalmente.

Las que se manifiesta físicamente pueden ser visibles,  por ejemplo, cuando aparece un salpullido, hinchazón o alguna irritación, mientras que los no visibles pueden ser malestares, temblores, fiebre, entre otros; mostrándonos que tenemos una anomalía.

De la misma forma resulta en la parte psicoemocional, comenzamos a tener ansiedad, estrés e irritación, manifestándose por de física a través de taquicardias, cefaleas, dolores musculares, temblores entre muchos otros.

En ambos casos los signos son muy notorios pero ¿qué pasa que no los vemos? Estamos tan inmersos en nuestras actividades que las pasamos por alto y muchas veces se nos hacen costumbre y comenzamos a normalizar los síntomas acogiéndolos a nuestras vida diaria, hasta que llega un día que se vuelve irreversible volviéndose una enfermedad crónica o un trastorno psicológico.

Por ello, es de vital importancia escucharnos y atender a nuestro cuerpo. Éste un indicador de nuestro interior, nos marca hacía dónde debemos movernos para mejorar nuestra salud y seguir con nuestro desarrollo como personas, nos marca aspectos de nosotros mismos y qué nos falta trabajar emocionalmente, por lo que nuestra sintomatología se vuelve un mapa.

 

Para comprender este mapa debemos estar atentos a:

Nuestras emociones, aceptándolas sin reprimirlas, sin bloquearlas, sin emitir un juicio, ya que nos dicen qué necesitamos,  qué nos falta por hacer, qué ya no queremos hacer o qué queremos seguir haciendo. Para ello es importante detectar la emoción que surge en el momento, cuestionarnos para que surgió esta emoción? Etimológicamente la palabra emoción viene del latín y significa movimiento o impulso, por lo que nos tenemos que cuestionar a que nos invita la emoción que hagamos. Todas nuestras emociones primarias nos ayudan a adaptarnos con nuestro entorno y centrarnos con nosotros.

Nuestros pensamientos, ya que nuestra interpretación de las circunstancias es el parteaguas de cómo vamos a vivir nuestra vida. Es decir, entre más pensamientos positivos generes, tu cuerpo se sentirá en un mejor para desempeñar mejor sus funciones, desde trabajar hasta las más primarias como respirar, comer o dormir. Desde este ángulo lejos de angustiarnos por nuestras dolencias o síntomas podemos escucharlas para hacer las adecuaciones necesarias desde la certeza que son para nuestro bienestar.

En los ambientes en que nos desenvolvemos, es decir muchas veces estamos en ambientes tóxicos o con personas que nos generan estrés, angustia manifestando ciertos tipos de síntomas corporales. Por ello es importante estar atentos de nuestro cuerpo para estar en armonía y poder discernir con quien nos relacionamos y en donde.

Nuestro cuerpo es el reflejo de lo que realmente somos, proyecta nuestras creencias, emociones, sensaciones, pensamientos, por lo que cada dolencia síntoma, enfermedad o cualquier anomalía es una oportunidad para entrar en comunión con nosotros mismos para vivir sano, pleno y en armonía. Es por eso que cada padecimiento debe ser tratado una forma integral donde debe ser evaluado tanto en lo físico como lo psicoemocional.

 

 

 


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