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Así como tu cuerpo necesita alimento, ejercicio y cuidados físicos para mantenerlo sano, tu mente también los necesita, por lo que es de vital importancia poner atención si le estas dando el alimento adecuado o si les estas dando pura chatarra.

Esto lo podemos saber si estamos viviendo en armonía y estabilidad o todo lo contrario con una mente que no deja de rumiar, juzgar o tener pensamientos fatalistas pudiéndose convertir en nuestro peor enemigo.

A continuación daremos algunos consejos para darle los alimentos adecuados:

  • Meditar: consiste en observar todo el torbellino de pensamientos que nos invade y dejarlos ir sin engancharnos en ninguno de estos, con ello poco a poco la mente se tranquiliza dejándonos estar en completa presencia de nosotros mismos, logrando una comunión con nuestro ser.
  • Estar en atención plena en el presente:  la atención se distrae con frecuencia, ya sea que este en el pasado recordando melancólicamente o reviviendo historias que nos hicieron daño, como también puede que se encuentre en el futuro planeando, estructurando, fantaseando o llenándonos de preocupaciones de un escenario incierto, pero muy pocas veces nuestra mente está en el presente disfrutando  nuestras actividades cotidianas como comer, cocinar, caminar o simplemente respirar, cuando toda nuestra atención se centra en la actividad que estamos realizando haciéndonos presentes de nuestras sensaciones, la experiencia en si se vuelve totalmente distinta, comenzando a gozarlas conectándonos con nuestro cuerpo y medio ambiente.

 

  • Tener una mente de aceptación, curiosidad y apertura: estar en plena aceptación de lo que está sucediendo en nuestro momento presente, sin etiquetarlo bueno o malo, simplemente dejar ser la experiencia pudiendo aprender de la misma en plena apertura para que nos muestre sus enseñanzas y poderlas integrar a nuestra vida.
  • Cultivar pensamientos positivos y de compasión: está comprobado que nuestros pensamientos contienen una carga energética, por lo que si generamos pensamientos positivos, amorosos y compasivos automáticamente generaras una frecuencia de paz y armonía contigo y con tu entorno.
  • Enfocarnos en lo que nos da paz: Hacer un filtro de lo que escuchamos, leemos y vemos, es de vital importancia, puesto que repercuta directamente en nuestra estabilidad emocional y mental, por lo que elegir que es lo primero que queremos  ver o escuchar en el día y lo último, puede marcar la diferencia.
  • No juzgar, no criticar, no culpar: estas etiquetas sólo nos sirven para desestabilizarnos y fatigarnos, sobre todo cuando van dirigidas hacia nosotros mismos, nuestro verdugo interior no nos deja descansar llenándonos la cabeza de deberías, hubieras, o  de perfeccionismos inalcanzables que solo merman nuestro amor propio, proyectándolo hacia afuera y machacándonos la cabeza con ideas que sólo nos hacen daño, generando un ruido mental.

 

  • Ser congruentes con nosotros mismos: es fundamental para vivir en estabilidad, que nuestros sentimientos, pensamientos y acciones se encuentran alineados, de esta manera podremos estar en sintonía con nosotros mismos evitando una lucha interna que sólo afecta a nuestra salud mental.
  • Dormir: la falta de sueño provoca, irritabilidad, falta de concentración o estar distraídos, lo cual nos pone en una situación de enfado mermando a nuestra calma mental.
  • Desarrollar nuestra creatividad: la creatividad se vuelve fundamental para nuestra mente, es el ejercicio de nuestra conexión interior con nuestro momento presente, por lo que estimular nuestra creatividad diaria es de los mejores alimentos.
  • Contacto con la naturaleza: realizar ejercicio o actividades al aire libre contactando la naturaleza nos ayuda a despejar nuestra mente de las actividades diarias y oxigenarnos, llenándonos de fuerza y vitalidad.

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La ansiedad es una respuesta generada por una de las emociones básicas que es el miedo con
relación a un escenario del futuro, es decir se anticipa un evento probable o relativamente
incierto que tomamos como una amenaza a nuestra existencia o peligro eminente.
Ante una situación de temor nuestro organismo se prepara para luchar o huir, ya que la finalidad
es protegernos, es decir cumple una función adaptativa sana. Pero cuando el miedo y la ansiedad
se experimenta ante objetos relativamente inofensivos o no se presentan del todo y comenzamos
a vivir la experiencia de peligro entonces es cuando presentamos un desbalanceo emocional y una
desregularización del miedo donde los síntomas pueden ser alarmantes para la persona que los
sufre.

¿Qué pasa con mi cuerpo cuando entro en estado de ansiedad?
Nuestro organismo está ante una situación de amenaza, activa nuestro sistema simpático (SNS) y
parasimpático (SNP). El primero es el responsable de la respuesta de lucha y/o huida, es decir
prepara a nuestro cuerpo para la acción y el segundo es el encargado de regresar a nuestro cuerpo
a la normalidad.
Cuando estamos en una situación de peligro nuestro cuerpo produce adrenalina, noradrenalina y
cortisol y se activa el sistema nervioso simpático para darle respuesta a la amenaza, el problema
radica en que no le damos salida a las respuestas fisiológicas generadas, volcándose en contra
nuestra, es decir “como no hay nada afuera entonces yo soy la que estoy mal”, volviéndose un
problema cognitivo y proyectivo disparando los síntomas con más intensidad con una sensación de
pérdida de control.

Algunos de estos síntomas son:
Incremento en el ritmo cardiaco, fuerza de las palpitaciones, respiración acelerada y entrecortada
(hiperventilación), dolor o sensación de atragantamiento o ahogo, mareo o aturdimiento,
sudoración incremento de la temperatura corporal o escalofrió, nausea, dolor abdominal o
diarrea, temblores o sacudidas corporales adormecimiento o temblores de las extremidades,
tensión o rigidez muscular, sequedad bucal, sudoración, cefaleas, visión borrosa, sensación de
debilidad, pensamiento acelerado, problemas de memoria, entre otras.

La importancia de estos síntomas radica en su intensidad, frecuencia y duración, si persisten
pueden quedar esquematizados patológicamente en el cuerpo o en el plano psicológico.
Algunas enfermedades que pueden desencadenarse:
En el plano físico: en consecuencia de la segregación del cortisol, adrenalina y noradrenalina son:
Gastritis, ulcera gastroduodenal, colitis, Hipertensión arterial, dolores de cabeza, amenorrea, acné,
aumento de grasa visceral, fatiga adrenal entre otras.

En el plano psicológico: fobias, trastorno de pánico o angustia, trastorno obsesivo compulsivo,
trastorno de estrés postraumático y trastorno de adaptación.
Es importante subrayar que los episodios esporádicos de ansiedad no generan una patología, es la
frecuencia de ellos lo que puede desencadenarlos, hoy día existen varios métodos y psicoterapias
de apoyo eficaces para tratar la ansiedad.

 

REFERENCIAS
Ellis Albert, “Cómo controlar la ansiedad antes de que le controle a usted”, 4ª Edición, Editorial Paidos, Barcelona
España, 2013.
Luengo Ballester, Domingo “La Ansiedad al descubierto” 1ª Edición, , Editorial Paidos, Barcelona España, 2004.
Shlatter Navarro Javier, “La ansiedad un enemigo sin rostro” 1ª Edición, Ediciones Universidad de Navarra, Pamplona,
España, 2003.
Rojas Montes Enrique, “La Ansiedad :cómo diagnosticar y superar el estrés, las fobias y las obsesiones” 1ª Ed. Editorial
Temas de Hoy, Madrid España, 1998.

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Tener una comunicación constante con nuestro cuerpo nos vuelve más consientes de nosotros mismos y podremos evitar enfermarnos o detener a tiempo el desarrollo de la misma. La pregunta sería ¿Cómo podemos tener esta comunicación?

Para llegar a este entendimiento es necesario desarrollar la atención plena, estar atento en el aquí y ahora, disfrutando y aceptando el momento en completa presencia. Sólo es observar activa y abiertamente nuestros síntomas,  tratar de visualizar en donde están localizados, para posteriormente tratar de comprender su origen y el tiempo en el que se gestaron, cuestionarnos qué circunstancia estábamos viviendo en ese momento para encontrar una posible relación.

Desde principios del siglo pasado, Wilhelm Reich y Alexander Lowen comenzaron a estudiar la estrecha correlación del cuerpo con la salud emocional. Lograron comprobar que el cuerpo es la memorización y expresión de las experiencias vitales, de esta forma la estructura corpórea iba cambiando acorde a la restricción, supresión o manifestación emocional de las personas.

El cuerpo por si solo ya ejerce una sabiduría propia para funcionar, y cuando necesita algo, o se encuentra en desequilibrio, se manifiesta por medio de señales a las que les llamamos síntomas, los cuales se pueden manifestar físicamente o mentalmente.

Las que se manifiesta físicamente pueden ser visibles,  por ejemplo, cuando aparece un salpullido, hinchazón o alguna irritación, mientras que los no visibles pueden ser malestares, temblores, fiebre, entre otros; mostrándonos que tenemos una anomalía.

De la misma forma resulta en la parte psicoemocional, comenzamos a tener ansiedad, estrés e irritación, manifestándose por de física a través de taquicardias, cefaleas, dolores musculares, temblores entre muchos otros.

En ambos casos los signos son muy notorios pero ¿qué pasa que no los vemos? Estamos tan inmersos en nuestras actividades que las pasamos por alto y muchas veces se nos hacen costumbre y comenzamos a normalizar los síntomas acogiéndolos a nuestras vida diaria, hasta que llega un día que se vuelve irreversible volviéndose una enfermedad crónica o un trastorno psicológico.

Por ello, es de vital importancia escucharnos y atender a nuestro cuerpo. Éste un indicador de nuestro interior, nos marca hacía dónde debemos movernos para mejorar nuestra salud y seguir con nuestro desarrollo como personas, nos marca aspectos de nosotros mismos y qué nos falta trabajar emocionalmente, por lo que nuestra sintomatología se vuelve un mapa.

 

Para comprender este mapa debemos estar atentos a:

Nuestras emociones, aceptándolas sin reprimirlas, sin bloquearlas, sin emitir un juicio, ya que nos dicen qué necesitamos,  qué nos falta por hacer, qué ya no queremos hacer o qué queremos seguir haciendo. Para ello es importante detectar la emoción que surge en el momento, cuestionarnos para que surgió esta emoción? Etimológicamente la palabra emoción viene del latín y significa movimiento o impulso, por lo que nos tenemos que cuestionar a que nos invita la emoción que hagamos. Todas nuestras emociones primarias nos ayudan a adaptarnos con nuestro entorno y centrarnos con nosotros.

Nuestros pensamientos, ya que nuestra interpretación de las circunstancias es el parteaguas de cómo vamos a vivir nuestra vida. Es decir, entre más pensamientos positivos generes, tu cuerpo se sentirá en un mejor para desempeñar mejor sus funciones, desde trabajar hasta las más primarias como respirar, comer o dormir. Desde este ángulo lejos de angustiarnos por nuestras dolencias o síntomas podemos escucharlas para hacer las adecuaciones necesarias desde la certeza que son para nuestro bienestar.

En los ambientes en que nos desenvolvemos, es decir muchas veces estamos en ambientes tóxicos o con personas que nos generan estrés, angustia manifestando ciertos tipos de síntomas corporales. Por ello es importante estar atentos de nuestro cuerpo para estar en armonía y poder discernir con quien nos relacionamos y en donde.

Nuestro cuerpo es el reflejo de lo que realmente somos, proyecta nuestras creencias, emociones, sensaciones, pensamientos, por lo que cada dolencia síntoma, enfermedad o cualquier anomalía es una oportunidad para entrar en comunión con nosotros mismos para vivir sano, pleno y en armonía. Es por eso que cada padecimiento debe ser tratado una forma integral donde debe ser evaluado tanto en lo físico como lo psicoemocional.

 

 

 


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Cuando se tiene diagnosticado Diabetes Mellitus, una enfermedad en donde hay
demasiada azúcar circulando en el torrente sanguíneo, lo peor que podemos
hacer es:

1. No realizar movimiento corporal. Esto aumentara las posibilidades de la mala absorción del azúcar en sangre ya que la insulina, la hormona encargada de absorber el azúcar en el cuerpo, se activa en el momento en
que realizamos cualquier tipo de ejercicio físico o actividad física.
2. Dejar de consumir verduras frescas como fuente principal de fibra dietética. La fibra insoluble y soluble contenida en las verduras tiene un
efecto regulador del azúcar en la sangre además de alimentar a la microbiota intestinal (flora intestinal) restableciendo la salud intestinal. Un intestino saludable es la base para que la glucosa se regule.
3. Evitar descansar suficiente. Cuando los ciclos del sueño no se completan, se duerme poco o no se descansa bien, las hormonas del estrés como: adrenalina y cortisol se disparan lo cual provoca una sobre estimulación de insulina, esta acción a lo largo del tiempo provoca resistencia a la insulina.
4. Consumir fruta sin medida. La fruta, aunque sea fresca, es una buena fuente de azúcar, estar bebiendo jugos o porciones sin medida de este grupo de alimento incrementa de manera sustancial la glucosa en sangre.
5. Servirse demasiados cereales en cada servicio de alimento. La cantidad de alimento que ingerimos es directamente proporcional a la
cantidad de insulina que debe producir el cuerpo para poderse absorber por tanto, es vital verificar cuál es la cantidad de cereal (arroz, tortilla, pan, pasta, sopas) que el cuerpo puede absorber y regular su consumo.
6. Incluir alimentos industrializados en la dieta diaria. La mayoría de los alimentos empaquetados, enlatados, envasados contienen distintos tipos de azúcar para su conservación. Cocinar con estos alimentos o incluirlos en la dieta puede aumentar el riesgo de incluir más azúcar en el cotidiano sin darnos cuenta.



Estrés oxidativo.

En la vida moderna es común escuchar la palabra estrés, la mayoría de las veces la usamos para referirnos a la respuesta de nuestro cuerpo hacia las situaciones complicadas de la vida y si bien el exceso de este tipo de presiones tiene un efecto nocivo en nuestra salud, hay otro tipo de estrés que tal vez ignoramos y sobre  el cual debemos de poner atención: el estrés oxidativo.

Término usado por primera vez en 1985 por Helmut Sies, el estrés oxidativo se podría definir como “un desequilibrio entre oxidantes y antioxidantes a favor de los oxidantes, lo que lleva a una interrupción de la señalización redox y el control y/o daño molecular”. (1)

Es importante definir adecuadamente el término si hacemos hincapié por tratarse de un desequilibrio. La formación de radicales per se no es totalmente nociva para el humano, de hecho es necesaria, sin embargo, el exceso de éstos sin la contrarregulación de los antioxidantes es lo que nos lleva a ese estado de desequilibrio con el posterior daño biológico.

 


¿Qué son los radicales libres?

Para entender qué son los radicales libres es necesario realizar un breve repaso a la composición básica del ser humano. El cuerpo está compuesto por diferentes células que a su vez se componen de moléculas distintas, las cuales, se forman a partir de diferentes átomos unidos por enlaces químicos.

Los átomos tienen protones (partículas positivas) y electrones (partículas negativas), éstos últimos son los que se encuentran en la parte más externa de la estructura atómica y se comparten con otros átomos para así poder formar los enlaces químicos.

Un radical es cuando uno de estos átomos pierde un electrón porque queda incompleto y a su vez tenderá a reaccionar con otros átomos para recuperar el electrón. Esto se denomina reacción de oxido-reducción o más comúnmente conocida como oxidación.

La principal fuente de producción de radicales es el metabolismo aerobio, proceso que ocurre dentro de la mitocondria celular mediante, el cual, los alimentos que ingerimos pasan por una serie de procesos bioquímicos que se oxidan y liberan electrones, que son transportados por unas moléculas especializadas que los llevan a la cadena respiratoria, en la cual, interviene el oxígeno como receptor de esos electrones. El producto final es la formación de ATP (adenosin trifosfato) la molécula que funciona como moneda de cambio energético.

Cuando hay una mal funcionamiento mitocondrial o un daño directo sobre este organelo celular, se produce una fuga de electrones que son atrapados por el oxígeno molecular formando así los radicales derivados del oxígeno, a los que se les denomina Especies  Reactivas del Oxígeno, aquí se incluyen el anión superóxido, el peróxido de hidrógeno (no es precisamente un radical pero sí un precursor)  y los radicales hidroxilo.

Dentro de nuestro cuerpo tenemos otras fuentes de radicales producidas de forma intencionada; por ejemplo, por parte del sistema inmune, los fagocitos (neutrófilos, eosinófilos, macrófagos). Estas células reconocen a un microorganismo patógeno y lo envuelven cuando activan mecanismos de producción del anión superóxido como parte de su estrategia para matar al invasor. El organelo celular aquí involucrado es el retículo endoplásmico. (2)

Otra especie de radical son las Especies Reactivas del Nitrógeno, en el que se incluyen el óxido nitroso y el peroxinitrito. El primero es formado por las células que recubren nuestros vasos sanguíneos y se considera un potente vasodilatador, es decir, hace que el músculo de los vasos sanguíneos se relaje, lo que ayuda a mantener una presión arterial normal.

Los radicales libres también pueden llegar a nuestro cuerpo desde afuera, en factores ambientales como lo son los rayos solares, la contaminación del aire, en lo que comemos, con los productos procesados, especialmente las grasas vegetales cocinadas, los  pesticidas, el humo del cigarro, el alcohol y algunos medicamentos.


Daño por radicales

La inestabilidad estructural que tienen los radicales les confiere una avidez física por capturar un electrón de cualquier otra molécula de su entorno, de esta forma pueden establecer reacciones en cadena. Los lípidos representan el grupo más susceptible por sus dobles  enlaces y por ser la molécula más expuesta al ser parte de la membrana celular. El daño a los lípidos se conoce como peroxidación de lípidos. El radical hidroxilo ataca al ácido graso cuando roba un electrón, dejando al ácido graso con un radical libre dentro de sus átomos constituyentes.

Este proceso, al darse en cadena y de forma repetitiva, conduce a la membrana celular a perder sus propiedades estructurales y funcionales lo que conlleva a la muerte celular.

Las proteínas también son susceptibles a la acción de los radicales, ya que dentro de  su estructura tienen cadenas laterales vulnerables al robo de electrones, lo que conduce a la modificación de la estructura de las proteínas, al modificarse se pierde la función biológica.

La otra molécula susceptible al daño son los carbohidratos, pues al ser oxidados por el radical, se altera su función.

Tal vez dentro del daño más conocido por los radicales es el que se da sobre los ácidos nucleicos: las  moléculas constituyentes del ADN. Este daño condiciona al cambio de nuestra información genética al producirse mutaciones, las cuales, terminan en proteínas no funcionales lo que puede conllevar a la aparición de células tumorales o en la muerte celular. (3)


Relación con las enfermedades crónicas.

En la Diabetes Mellitus y en la obesidad hay un estado metabólico que se puede denominar como “glucolipotoxicidad” es decir, la toxicidad inducida por el exceso de glucosa y de lípidos en la sangre. La glucosa induce estrés oxidativo por varios procesos bioquímicos mientras los lípidos favorecen la resistencia a la insulina y el depósito anormal de los mismos en varios tejidos, como el hígado, corazón y páncreas, induciendo estas dos situaciones a una respuesta inflamatoria.

La resistencia a la insulina es el factor común de varias de las enfermedades crónicas, como diabetes y obesidad, y actualmente se ha demostrado una relación estrecha entre ésta y la inflamación  inducida por el exceso de especies reactivas del oxígeno.

La obesidad por sí misma es un estado de inflamación crónica, una respuesta a esta inflamación es el exceso de producción de especies reactivas de oxígeno, lo que favorece al daño de las paredes vasculares. (4)

En cuanto a las enfermedades neurológicas como Alzheimer y Parkinson, se ha demostrado un efecto tóxico del exceso de especies reactivas del oxígeno al inducir el daño neuronal desencadenando una respuesta inflamatoria y posteriormente la muerte de estas células. (5)

Como varios de los procesos que se dan en nuestro cuerpo, la formación de radicales libres se tiene que mantener en un estrecho control, pues es necesaria su producción a ciertos niveles, como es necesaria su regulación cuando hay un exceso, además de ser parte de un sistema que funciona de forma interconectada, ya que como vimos, hay una estrecha relación con el sistema inmune.

 


Bibliografía

  1. Sies H. Oxidative stress: a concept in redox biology and medicine. Mini Review. Redox Biology (4), 2015, pp 180-183.
  2. Kalyanaramn B. Teaching the basics of redox biology to medical and graduate students: Oxidants, antioxidants and disease mechanisms. Redox Biology (1), 2013, pp 244-257.
  3. Velázquez M, Prieto B, Contreras R. Envejecimiento y radicales libres. Ciencias (75), 2004, pp 36-43
  4. Alfadda A, Sallam R. Review Article. Reactive Oxygen Species in Health and Disease. Journal of Biomedicine and Biotechnology, 2012.
  5. Brieger K, Schiavone S, Miller F, Krause K. Reactive oxygen species: from health to disease.Swiss Med Wkly, (142) 2012.

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En AWARE siempre decimos esto:  “Cinco más cinco es diez, pero ocho más dos también es diez.”

Lo que queremos decir con esta frase es que podemos llegar al mismo resultado -en este caso enfermedad- por distintos caminos. La medicina convencional trata a todos los pacientes por igual. Por ejemplo, los pacientes diabéticos son todos tratados con algún tipo de hipoglucemiante o insulina sin importar cómo es que llegaron a ser diabéticos.

En la medicina china, el mismo diagnóstico convencional, como la diabetes, puede tener varios diagnósticos. Por ejemplo, estancamiento de chi por depresión del hígado, estancamiento de calor en el estómago e hígado, estasis de flema y calor, exceso de calor en estómago e intestino, humedad de corazón e intestino, deficiencia de líquidos por síndrome de calor excesivo, doble deficiencia de chi y yin, entre otros.

Esto abre todo un abanico de posibilidades terapéuticas para la misma enfermedad. Mientras que en la medicina convencional estos pacientes reciben el mismo diagnóstico  -diabetes tipo 2 y el mismo tratamiento- en la medicina china cada uno de estos síndromes sería tratado de forma diferente.

De manera similar, en la Medicina Sistémica vemos que cada paciente puede llegar a la “misma” enfermedad por caminos muy diferentes, antecedentes, mediadores y disparadores que son únicos para cada persona.

Por ejemplo, mientras que para una persona el consumo excesivo de azúcares y carbohidratos refinados podría ser el problema principal, para otra podría ser un componente emocional, y en otra más el abuso de antibióticos con la subsecuente alteración de la microbiota (o flora) intestinal que, sabemos, es fundamental para la  regulación del metabolismo, y todavía en otra persona más podría ser una intoxicación crónica de bajo grado por metales pesados.

Y de esta manera, uno de estos pacientes necesitaría de una dieta controlada en carbohidratos, incluso cetogénica, otro de psicoterapia, otro de un protocolo de reparación intestinal y el último de un tratamiento de quelación de metales pesados.

Este tipo de circunstancias son ignoradas hoy en día por la medicina convencional y son, irónicamente, clave para el éxito del tratamiento.

Desde 1956, Roger Williams, PhD, utilizó el término individualidad bioquímica para describir variaciones entre personas relacionadas a sus respuestas al medio ambiente y sus diferentes necesidades nutricionales. Señaló cómo gemelos idénticos pueden tener requerimientos distintos para su funcionamiento óptimo. Aunque tienen los mismos genes, la expresión de estos genes es diferente según su desarrollo y estatus nutricional.

En 1950, el mismo médico Wiliams acuñó el  término ‘Enfermedades Genetotróficas’ para describir un grupo de enfermedades en el que la individualidad genética crea una demanda específica de nutrientes superior al promedio para facilitar la función del sistema y prevenir la enfermedad.

Es decir, aunque la ingesta recomendada de magnesio es de 400 mg para un adulto hombre, puede haber personas que necesiten más de 400 mg al  día funcionar correctamente.


Nutrigenómica y SNPs.

La nutrigenómica es el estudio de la interacción entre los nutrientes y nuestros genes. Sabemos que 100 calorías de brócoli y 100 calorías de papas fritas no tienen el mismo efecto en el cuerpo aunque en ambos casos se trata de 100 calorías y no hace falta ser médico o nutriólogo para darse cuenta: sólo se necesita de un poco de sentido común. Sin embargo, al parecer, el sentido común no es tan común porque la mayoría de los médicos y nutriólogos hoy en día están atorados en este paradigma calórico.

En la Medicina Sistémica vemos los alimentos primero, como información, luego como energía, entre otras cosas. La información que 100 calorías de brócoli le manda a mi cuerpo es muy distinta a la información de 100 calorías de papas fritas. Mientras que la primera le “dice” a mi cuerpo que “prenda”  genes anti-inflamatorios, anti-tumorales, anti-oxidantes, etcétera, la segunda le manda el mensaje opuesto al cuerpo: activación de genes cancerígenos, inflamatorios, pro-oxidantes.

Mucho del foco de atención de la nutrigenómica se ha centrado en los polimorfismos de un nucleótido (SNP), o variantes genéticas. Un ejemplo de esto es el polimorfismo C677T del  gen MTHFR. Este SNP hace que esta enzima sea lenta, lo que da por resultado una capacidad reducida para usar los folatos y así convertir la homocisteína a metionina y luego a SAMe para el mantenimiento de la metilación de las citosinas del  ADN y, luego, el control de la expresión genética. Pero la misma mutación podría aumentar el folato usado para hacer timidina, otra base del ADN que previene mutaciones. Esto explica porque en ambientes de escasos folatos los portadores homocigotos de la mutación C677T pueden estar más propensos a ciertos defectos y al mismo tiempo protegidos contra ciertos tipo de cáncer.

Este es sólo un ejemplo de cómo un nutriente, el folato, puede alterar la expresión de diversos genes para prevenir o tratar ciertas enfermedades. Todos los nutrientes pueden tener efectos similares en el cuerpo.

Entonces los alimentos no son sólo energía o calorías, son información y medicina para el cuerpo.

La nutrigenómica y los SNPs son algunas de las bases de esta individualidad bioquímica aunque existen muchos otros factores a considerar para hacer una medicina personalizada, tales como la cosmovisión de la persona, sus lagunas en el desarrollo, sus traumas emocionales no resueltos,  la integridad de su sistema nervioso, su estatus nutricional, el funcionamiento de su sistema digestivo y su estilo de vida, entre otros.


Estos son factores que los profesionales de la salud debemos tomar en cuenta al hacer un diagnóstico y establecer un plan terapéutico, pero que desafortunadamente muchos no hacen. ¿Por qué? Ese es tema para otro día. Mientras tanto sepan que en AWARE sí nos preocupamos por hacer una medicina personalizada.

Los esperamos con los brazos abiertos.


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