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Tener salud es el mejor regalo que podemos darnos a nosotros mismos y a nuestros familiares y amigos, vivir la vida con salud nos permite disfrutar mejor de todo lo que nos rodea y obtener nuestras metas.

La realidad es que el término salud es un tanto controversial, realmente siempre estamos un poco sanos y un poco enfermos a la vez, es parte del movimiento natural de la vida, se trata de que la balanza siempre tienda a inclinarse al estado de salud. Se trata de ser cada vez más nosotros mismos y encontrar el estado de resiliencia donde podamos adaptarnos a todo contexto, sin llegar a enfermarnos realmente.

En Aware consideramos que podemos estar saludables si logramos cubrir las necesidades de cada una de las 5 unidades estructurales y funcionales de nuestro cuerpo, es decir aportarles lo que necesitan para su adecuado funcionamiento, lo cual significa aportarle a nuestro sistema todo lo necesario para su natural presencia, función y meta.

Hoy queremos compartirles algunas ideas de cómo mantenernos saludables desde la visión sistémica:

Bioestructura: Manteniéndonos en movimiento, con la suficiente resiliencia biomecánica que nos permita, movernos hacia donde queremos como sistema en conjunto y al mismo tiempo nuestros órganos tanto internos como externos, mantengan su movimiento natural y se mantengan al mismo tiempo sostenidos a pesar de la gravedad. Significa que podría faltarnos una extremidad, como un brazo o un pie, pero si el resto de mi cuerpo responde a la estructura como un todo, se mantiene en movimiento y el resto de las unidades están en óptimo estado y función, no podríamos decir que estamos enfermos. Esto podemos lograrlo haciendo ejercicios físicos, sin necesidad de mucho desgaste físico, manteniéndonos activos en la vida, bailando escuchando la música que nos hace sentir bien, siendo conscientes de nuestro cuerpo, identificando si existe alguna restricción en nuestros movimientos, estar conscientes de nuestra postura corporal, es decir si estamos encorvados, muy rectos, o demasiado rígidos, o muy flácidos y preguntarnos por qué y cuándo se modificó nuestra postura. Se trata de mantenernos en movimiento respetando también nuestros ritmos, manteniendo viva la estructura del cuerpo.

Bioquímica: Es la unidad encargada de que ocurran las reacciones en nuestro cuerpo, las cuales no pudieran darse si no existe la anterior, en ella debemos tener presente, todo lo que entra, se procesa y sale, no solo de nuestro cuerpo, sino también en nuestras células. Por ello debemos tener en cuenta, la importancia de una adecuada nutrición, con comidas donde prevalezcan los vegetales frescos, frutas, semillas, granos, así como en caso de ser necesarios ingerir suplementos alimenticios que fortalecen nuestro sistema inmune y reestablezcan las carencias que podamos presentar. También es importante favorecer un ambiente adecuado a nuestras células, ayudando a mantener limpio el espacio extracelular, lo que nos permite un mejor intercambio de nutrientes y desechos, esto lo logramos al eliminar los agentes químicos artificiales de nuestra dieta (como preservantes, colorantes, saborizantes artificiales) y del medio que nos rodea (como productos de limpieza y cosméticos), también eliminar los alimentos que generan inflamación (como Lácteos, Harinas, Azúcares, Picante en exceso, Carne roja en exceso, siempre teniendo en cuenta la tolerancia alimentaria de cada individuo). Además, para apoyar aún más la salud de esta unidad, necesitamos mantener un adecuado mecanismo de eliminación de desechos, tanto tóxicos como los residuos del metabolismo, para ello es importante, defecar diariamente, orinar durante el día cada 3 o 4 horas, una adecuada sudoración y respiración.

Biofísico: Esta unidad se encarga de mantener un orden y un sentido definido en las reacciones de nuestro cuerpo, necesitando de la unidad anterior para mantenerse, significa que una reacción química o un proceso metabólico tiene un orden determinado, a pesar de que las respuestas a un estímulo pueden ser innumerables, o por ejemplo el sentido en que deben fluir los alimentos al ingerirlo debe ser siempre de la boca al estómago, de lo contrario terminaríamos devolviéndolo todo, y ese contraflujo podría representar un mal funcionamiento y desencadenar una enfermedad . También se encarga de mantener la integridad y la interconexión de todo nuestro cuerpo, incluso con nuestro campo electromagnético, favoreciendo las polaridades necesarias, para la distribución de nuestros órganos, flujo sanguíneo, linfático, inervación etc, ayudándonos a explicar porque hay ciertas patologías que se manifiestan más en algún lugar del cuerpo y no en otras. Se trata de estar atentos a cómo funciona nuestro cuerpo y si detectamos que algo no funciona naturalmente, podemos pedir ayuda y encontrar el origen de ese mal funcionamiento para poder tratarlo.

Psicoemocional: Esta es una unidad a la cual en ocasiones se le resta importancia, pero la realidad es que tiene el mismo peso de importancia que todas las demás, es la unidad que nos permite reconocernos como identidad, interconectarnos con nuestro medio, relacionarnos e interpretar la vida según nuestra experiencia. Es necesario para estar sanos tener una actitud positiva. Es posible que por la vida que hayamos tenido no nos sea tan fácil desarrollar, sentimientos de amor, comprensión, compasión, buen humor, pero es necesario desarrollar herramientas (quizás con ayuda de un profesional o una la lectura de un buen libro que aborde el tema) que nos permita desarrollar un estado mental más estable y logremos adaptarnos de la mejor manera, a pesar de los problemas que debemos de afrontar. Lo que te enferma no es lo que está pasando, sino lo que tú haces con lo que te está pasando. Siendo coherentes con relación a lo que pensamos, cómo sentimos eso que pensamos y cómo actuamos según lo que sentimos, es la clave para mantener un estado saludable.   

Trascendental: Esta unidad depende de todas las demás, es la que nos permite estar conscientes de nuestro propósito en la vida, hacia donde nos dirigimos, si no se tiene un propósito, la vida pierde sentido, debemos estar presentes en nuestro ahora, pero debe existir una meta que nos permita desarrollar nuestro verdadero ser. Hay personas que olvidan su propósito y van sobreviviendo hasta que se extinguen, en la primera unidad hablábamos de que el movimiento es importante, pero ¿movernos hacia dónde? Para ello es necesario mantener la llama prendida que nos impulse cada día a alcanzar nuestro propósito, dándole un sentido a nuestra vida.


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Cuando nos sale alguna mancha, bolita o comenzamos a tener dolores repentinos junto con una serie de síntomas, nos comienza a generar una serie de pensamientos fatalistas por lo que acudimos al doctor para que en automático nos diga que tenemos, pero el médico no puede dar un diagnostico sin antes tener los estudios, por lo que nos dirigimos a hacernos los estudios y para que nos den los resultados tiene que pasar tiempo, muchas veces hasta un mes de espera! Que para nosotros representa como un año. Tiempo suficiente para que la enfermedad empeore, los síntomas se vuelven más intensos…. y que tal si es algo mortal! En fin los pensamientos comienzan acelerarse comenzando a vivir un infierno de angustia y estrés.

Efectivamente lidiar con la incertidumbre son de las cosas más complicadas y más si se trata de nuestra salud, nos puede generar un nivel de estrés que nos llevé al insomnio, que se puede volver una bola de nieve y conducirnos a la depresión o ansiedad, que debemos de hacer en estos casos? Como puedo manejar la situación?

 

Algunos consejos son:

  • Paciencia: Ya hicimos el primer paso para nuestro cuidado que es acudir al médico y realizarnos los estudios necesarios, es decir pareciera que no estamos haciendo nada, pero “esperar” significa que iniciamos el proceso de cualquier tratamiento.
  • Filtrar nuestros pensamientos: este punto es crucial para nuestro bienestar y paz, cuando nos cachemos que estamos teniendo un pensamiento negativo pararlo, decir en voz determinante y fuerte “alto me estoy anticipando” y cambiar de actividad para cambiar de foco de atención.
  • Seguir con nuestra vida normal: seguir con nuestra rutina diaria nos ayuda a sostenernos normalizando nuestra vida, no tenemos que cambiar nada aún, al contrario seguir con nuestras actividades cotidianas nos dará mucho sostén para esos días de incertidumbre.
  • Hacer un plan de distracción: realizar una lista de actividades que disfrutemos o pendientes que tengamos, la finalidad es mantenernos ocupados y distraídos mientras nos dan el resultado.
  • Compartir: cuando comunicamos nuestro proceso con personas de confianza hace que nuestra carga se aligere, ya que nos sirven de apoyo emocional para estos días de incertidumbre, incluso puedes incluirlos en el plan de distracción y organizar una salida, viaje o comida.
  • Estar en aquí y en el ahora: no anticiparnos a un futuro que es totalmente incierto, para ello nos podemos apoyar con ejercicios y meditaciones de mindfulness o asistir actividades que nos llenen de paz como el yoga, sino nos gustan o no estamos acostumbrados podemos acudir a lugares en los cuales estemos en contacto con la naturaleza.
  • No informarnos: en esta etapa no sabemos que tenemos, por ello buscar información de posibles enfermedades resulta obsoleto y nos puede alarmar más de lo que ya estamos, no nos anticipemos.
  • Apoyo de un especialista: si la incertidumbre o la angustia es demasiada, podemos acudir con un psicoterapeuta para que nos apoye con nuestro proceso.

 

El eje central es mantener la tranquilidad, puesto que posiblemente era algo de lo que no debíamos alarmarnos y por dejarnos llevar por nuestros pensamientos comenzamos a vivir un infierno que nos conduce a niveles estrés elevados aumentando nuestro cortisol y adrenalina, teniendo efectos fisiológicos y emocionales contraproducentes.


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Actualmente tenemos el mercado inundado de productos bajos en grasa, en sodio, cero calorías, cada día aparece un tipo de ejercicio nuevo que “quema más calorías”, de cirugías bariátricas donde prometen una pérdida de peso rápida y sin esfuerzo, sin informar de las consecuencias sobre el organismo a largo plazo;  y a pesar de eso el porcentaje de la población que se encuentra en estado de sobrepeso/obesidad no disminuye y la incidencia de enfermedades relacionadas, sigue en aumento.

Una razón es nuestro pensamiento reduccionista, se atribuye la ganancia de grasa corporal a un desbalance entre “calorías que ingerimos y calorías que gastamos” ello sin tomar en cuenta que el ser humano es un sistema abierto; donde más que las calorías, lo que importa es la fuente de éstas, donde más que pasarse horas en el gimnasio lo que importa es estar en constante movimiento.

Tener un peso saludable o más bien una adecuada composición corporal, no se trata de ecuaciones lineales,  “pase 2h en la elíptica ésta dice que queme 700 kcal entonces tengo derecho a una rebanada de pizza y un refresco light”.  Hay que tomar en cuenta un mayor número de variables, ¿esa persona se la ha pasado haciendo dietas hipocalóricas mal balanceadas que pudieron llevarla a una fatiga adrenal o deficiencia nutricional? ¿tiene un desequilibrio en la microbiota intestinal que está originando una inflamación crónica de bajo grado o una mala absorción de nutrientes? ¿se pasa una hora intensa en el gimnasio y el resto del día es totalmente sedentaria? ¿en su alimentación hay un predominio de alimentos procesados? ¿tiene mala calidad y poca cantidad de sueño? ¿tiene una relación emocional con la comida, come cuando se siente triste o ansiosa?.

En fin, la lista de variables involucradas en el sobrepeso/obesidad son numerosas y cada persona tiene una combinación específica de éstas, por lo cual las acciones a tomar son totalmente individuales y cambiantes sobre la línea del tiempo. Es por esta falta de individualización que los procedimientos/dietas/medicamentos/programas de ejercicio, que existen para el control de peso no han hecho merma en los índices de obesidad.

El personal médico debe de hacer equipo con el paciente, con el nutriólogo y con el entrenador, y en también con el psicoterapeuta. Es un trabajo en conjunto en donde el actor principal es el paciente, un médico debería ser encargado de dirigir la obra, teniendo pleno conocimiento del guión y de los otros actores involucrados, es decir tener una visión sistémica del proceso.

¿Qué es tener una visión sistémica? Es ver al paciente como un sistema abierto, complejo, dinámico, con una historia personal, que interactúa con un medio, donde hay “inputs” de diferentes tipos, dentro de los que destacan los bioquímicos (alimentos, tóxicos, microorganismos) psicológicos (estrés, depresión), estructurales (sedentarismo); donde cada uno debe de ser identificado y analizado para poder establecer una ruta que ayude a revertir el proceso, llevando al sistema a las mejores condiciones y así éste vuelva a tomar el cauce hacia el restablecimiento de la salud y no sólo a perder kilogramos de peso para después ganar el doble en menos tiempo que llevo perderlos.


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Cuando se tiene diagnosticado Diabetes Mellitus, una enfermedad en donde hay
demasiada azúcar circulando en el torrente sanguíneo, lo peor que podemos
hacer es:

1. No realizar movimiento corporal. Esto aumentara las posibilidades de la mala absorción del azúcar en sangre ya que la insulina, la hormona encargada de absorber el azúcar en el cuerpo, se activa en el momento en
que realizamos cualquier tipo de ejercicio físico o actividad física.
2. Dejar de consumir verduras frescas como fuente principal de fibra dietética. La fibra insoluble y soluble contenida en las verduras tiene un
efecto regulador del azúcar en la sangre además de alimentar a la microbiota intestinal (flora intestinal) restableciendo la salud intestinal. Un intestino saludable es la base para que la glucosa se regule.
3. Evitar descansar suficiente. Cuando los ciclos del sueño no se completan, se duerme poco o no se descansa bien, las hormonas del estrés como: adrenalina y cortisol se disparan lo cual provoca una sobre estimulación de insulina, esta acción a lo largo del tiempo provoca resistencia a la insulina.
4. Consumir fruta sin medida. La fruta, aunque sea fresca, es una buena fuente de azúcar, estar bebiendo jugos o porciones sin medida de este grupo de alimento incrementa de manera sustancial la glucosa en sangre.
5. Servirse demasiados cereales en cada servicio de alimento. La cantidad de alimento que ingerimos es directamente proporcional a la
cantidad de insulina que debe producir el cuerpo para poderse absorber por tanto, es vital verificar cuál es la cantidad de cereal (arroz, tortilla, pan, pasta, sopas) que el cuerpo puede absorber y regular su consumo.
6. Incluir alimentos industrializados en la dieta diaria. La mayoría de los alimentos empaquetados, enlatados, envasados contienen distintos tipos de azúcar para su conservación. Cocinar con estos alimentos o incluirlos en la dieta puede aumentar el riesgo de incluir más azúcar en el cotidiano sin darnos cuenta.



Estrés oxidativo.

En la vida moderna es común escuchar la palabra estrés, la mayoría de las veces la usamos para referirnos a la respuesta de nuestro cuerpo hacia las situaciones complicadas de la vida y si bien el exceso de este tipo de presiones tiene un efecto nocivo en nuestra salud, hay otro tipo de estrés que tal vez ignoramos y sobre  el cual debemos de poner atención: el estrés oxidativo.

Término usado por primera vez en 1985 por Helmut Sies, el estrés oxidativo se podría definir como “un desequilibrio entre oxidantes y antioxidantes a favor de los oxidantes, lo que lleva a una interrupción de la señalización redox y el control y/o daño molecular”. (1)

Es importante definir adecuadamente el término si hacemos hincapié por tratarse de un desequilibrio. La formación de radicales per se no es totalmente nociva para el humano, de hecho es necesaria, sin embargo, el exceso de éstos sin la contrarregulación de los antioxidantes es lo que nos lleva a ese estado de desequilibrio con el posterior daño biológico.

 


¿Qué son los radicales libres?

Para entender qué son los radicales libres es necesario realizar un breve repaso a la composición básica del ser humano. El cuerpo está compuesto por diferentes células que a su vez se componen de moléculas distintas, las cuales, se forman a partir de diferentes átomos unidos por enlaces químicos.

Los átomos tienen protones (partículas positivas) y electrones (partículas negativas), éstos últimos son los que se encuentran en la parte más externa de la estructura atómica y se comparten con otros átomos para así poder formar los enlaces químicos.

Un radical es cuando uno de estos átomos pierde un electrón porque queda incompleto y a su vez tenderá a reaccionar con otros átomos para recuperar el electrón. Esto se denomina reacción de oxido-reducción o más comúnmente conocida como oxidación.

La principal fuente de producción de radicales es el metabolismo aerobio, proceso que ocurre dentro de la mitocondria celular mediante, el cual, los alimentos que ingerimos pasan por una serie de procesos bioquímicos que se oxidan y liberan electrones, que son transportados por unas moléculas especializadas que los llevan a la cadena respiratoria, en la cual, interviene el oxígeno como receptor de esos electrones. El producto final es la formación de ATP (adenosin trifosfato) la molécula que funciona como moneda de cambio energético.

Cuando hay una mal funcionamiento mitocondrial o un daño directo sobre este organelo celular, se produce una fuga de electrones que son atrapados por el oxígeno molecular formando así los radicales derivados del oxígeno, a los que se les denomina Especies  Reactivas del Oxígeno, aquí se incluyen el anión superóxido, el peróxido de hidrógeno (no es precisamente un radical pero sí un precursor)  y los radicales hidroxilo.

Dentro de nuestro cuerpo tenemos otras fuentes de radicales producidas de forma intencionada; por ejemplo, por parte del sistema inmune, los fagocitos (neutrófilos, eosinófilos, macrófagos). Estas células reconocen a un microorganismo patógeno y lo envuelven cuando activan mecanismos de producción del anión superóxido como parte de su estrategia para matar al invasor. El organelo celular aquí involucrado es el retículo endoplásmico. (2)

Otra especie de radical son las Especies Reactivas del Nitrógeno, en el que se incluyen el óxido nitroso y el peroxinitrito. El primero es formado por las células que recubren nuestros vasos sanguíneos y se considera un potente vasodilatador, es decir, hace que el músculo de los vasos sanguíneos se relaje, lo que ayuda a mantener una presión arterial normal.

Los radicales libres también pueden llegar a nuestro cuerpo desde afuera, en factores ambientales como lo son los rayos solares, la contaminación del aire, en lo que comemos, con los productos procesados, especialmente las grasas vegetales cocinadas, los  pesticidas, el humo del cigarro, el alcohol y algunos medicamentos.


Daño por radicales

La inestabilidad estructural que tienen los radicales les confiere una avidez física por capturar un electrón de cualquier otra molécula de su entorno, de esta forma pueden establecer reacciones en cadena. Los lípidos representan el grupo más susceptible por sus dobles  enlaces y por ser la molécula más expuesta al ser parte de la membrana celular. El daño a los lípidos se conoce como peroxidación de lípidos. El radical hidroxilo ataca al ácido graso cuando roba un electrón, dejando al ácido graso con un radical libre dentro de sus átomos constituyentes.

Este proceso, al darse en cadena y de forma repetitiva, conduce a la membrana celular a perder sus propiedades estructurales y funcionales lo que conlleva a la muerte celular.

Las proteínas también son susceptibles a la acción de los radicales, ya que dentro de  su estructura tienen cadenas laterales vulnerables al robo de electrones, lo que conduce a la modificación de la estructura de las proteínas, al modificarse se pierde la función biológica.

La otra molécula susceptible al daño son los carbohidratos, pues al ser oxidados por el radical, se altera su función.

Tal vez dentro del daño más conocido por los radicales es el que se da sobre los ácidos nucleicos: las  moléculas constituyentes del ADN. Este daño condiciona al cambio de nuestra información genética al producirse mutaciones, las cuales, terminan en proteínas no funcionales lo que puede conllevar a la aparición de células tumorales o en la muerte celular. (3)


Relación con las enfermedades crónicas.

En la Diabetes Mellitus y en la obesidad hay un estado metabólico que se puede denominar como “glucolipotoxicidad” es decir, la toxicidad inducida por el exceso de glucosa y de lípidos en la sangre. La glucosa induce estrés oxidativo por varios procesos bioquímicos mientras los lípidos favorecen la resistencia a la insulina y el depósito anormal de los mismos en varios tejidos, como el hígado, corazón y páncreas, induciendo estas dos situaciones a una respuesta inflamatoria.

La resistencia a la insulina es el factor común de varias de las enfermedades crónicas, como diabetes y obesidad, y actualmente se ha demostrado una relación estrecha entre ésta y la inflamación  inducida por el exceso de especies reactivas del oxígeno.

La obesidad por sí misma es un estado de inflamación crónica, una respuesta a esta inflamación es el exceso de producción de especies reactivas de oxígeno, lo que favorece al daño de las paredes vasculares. (4)

En cuanto a las enfermedades neurológicas como Alzheimer y Parkinson, se ha demostrado un efecto tóxico del exceso de especies reactivas del oxígeno al inducir el daño neuronal desencadenando una respuesta inflamatoria y posteriormente la muerte de estas células. (5)

Como varios de los procesos que se dan en nuestro cuerpo, la formación de radicales libres se tiene que mantener en un estrecho control, pues es necesaria su producción a ciertos niveles, como es necesaria su regulación cuando hay un exceso, además de ser parte de un sistema que funciona de forma interconectada, ya que como vimos, hay una estrecha relación con el sistema inmune.

 


Bibliografía

  1. Sies H. Oxidative stress: a concept in redox biology and medicine. Mini Review. Redox Biology (4), 2015, pp 180-183.
  2. Kalyanaramn B. Teaching the basics of redox biology to medical and graduate students: Oxidants, antioxidants and disease mechanisms. Redox Biology (1), 2013, pp 244-257.
  3. Velázquez M, Prieto B, Contreras R. Envejecimiento y radicales libres. Ciencias (75), 2004, pp 36-43
  4. Alfadda A, Sallam R. Review Article. Reactive Oxygen Species in Health and Disease. Journal of Biomedicine and Biotechnology, 2012.
  5. Brieger K, Schiavone S, Miller F, Krause K. Reactive oxygen species: from health to disease.Swiss Med Wkly, (142) 2012.

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