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Así como tu cuerpo necesita alimento, ejercicio y cuidados físicos para mantenerlo sano, tu mente también los necesita, por lo que es de vital importancia poner atención si le estas dando el alimento adecuado o si les estas dando pura chatarra.

Esto lo podemos saber si estamos viviendo en armonía y estabilidad o todo lo contrario con una mente que no deja de rumiar, juzgar o tener pensamientos fatalistas pudiéndose convertir en nuestro peor enemigo.

A continuación daremos algunos consejos para darle los alimentos adecuados:

  • Meditar: consiste en observar todo el torbellino de pensamientos que nos invade y dejarlos ir sin engancharnos en ninguno de estos, con ello poco a poco la mente se tranquiliza dejándonos estar en completa presencia de nosotros mismos, logrando una comunión con nuestro ser.
  • Estar en atención plena en el presente:  la atención se distrae con frecuencia, ya sea que este en el pasado recordando melancólicamente o reviviendo historias que nos hicieron daño, como también puede que se encuentre en el futuro planeando, estructurando, fantaseando o llenándonos de preocupaciones de un escenario incierto, pero muy pocas veces nuestra mente está en el presente disfrutando  nuestras actividades cotidianas como comer, cocinar, caminar o simplemente respirar, cuando toda nuestra atención se centra en la actividad que estamos realizando haciéndonos presentes de nuestras sensaciones, la experiencia en si se vuelve totalmente distinta, comenzando a gozarlas conectándonos con nuestro cuerpo y medio ambiente.

 

  • Tener una mente de aceptación, curiosidad y apertura: estar en plena aceptación de lo que está sucediendo en nuestro momento presente, sin etiquetarlo bueno o malo, simplemente dejar ser la experiencia pudiendo aprender de la misma en plena apertura para que nos muestre sus enseñanzas y poderlas integrar a nuestra vida.
  • Cultivar pensamientos positivos y de compasión: está comprobado que nuestros pensamientos contienen una carga energética, por lo que si generamos pensamientos positivos, amorosos y compasivos automáticamente generaras una frecuencia de paz y armonía contigo y con tu entorno.
  • Enfocarnos en lo que nos da paz: Hacer un filtro de lo que escuchamos, leemos y vemos, es de vital importancia, puesto que repercuta directamente en nuestra estabilidad emocional y mental, por lo que elegir que es lo primero que queremos  ver o escuchar en el día y lo último, puede marcar la diferencia.
  • No juzgar, no criticar, no culpar: estas etiquetas sólo nos sirven para desestabilizarnos y fatigarnos, sobre todo cuando van dirigidas hacia nosotros mismos, nuestro verdugo interior no nos deja descansar llenándonos la cabeza de deberías, hubieras, o  de perfeccionismos inalcanzables que solo merman nuestro amor propio, proyectándolo hacia afuera y machacándonos la cabeza con ideas que sólo nos hacen daño, generando un ruido mental.

 

  • Ser congruentes con nosotros mismos: es fundamental para vivir en estabilidad, que nuestros sentimientos, pensamientos y acciones se encuentran alineados, de esta manera podremos estar en sintonía con nosotros mismos evitando una lucha interna que sólo afecta a nuestra salud mental.
  • Dormir: la falta de sueño provoca, irritabilidad, falta de concentración o estar distraídos, lo cual nos pone en una situación de enfado mermando a nuestra calma mental.
  • Desarrollar nuestra creatividad: la creatividad se vuelve fundamental para nuestra mente, es el ejercicio de nuestra conexión interior con nuestro momento presente, por lo que estimular nuestra creatividad diaria es de los mejores alimentos.
  • Contacto con la naturaleza: realizar ejercicio o actividades al aire libre contactando la naturaleza nos ayuda a despejar nuestra mente de las actividades diarias y oxigenarnos, llenándonos de fuerza y vitalidad.

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En AWARE siempre decimos esto:  “Cinco más cinco es diez, pero ocho más dos también es diez.”

Lo que queremos decir con esta frase es que podemos llegar al mismo resultado -en este caso enfermedad- por distintos caminos. La medicina convencional trata a todos los pacientes por igual. Por ejemplo, los pacientes diabéticos son todos tratados con algún tipo de hipoglucemiante o insulina sin importar cómo es que llegaron a ser diabéticos.

En la medicina china, el mismo diagnóstico convencional, como la diabetes, puede tener varios diagnósticos. Por ejemplo, estancamiento de chi por depresión del hígado, estancamiento de calor en el estómago e hígado, estasis de flema y calor, exceso de calor en estómago e intestino, humedad de corazón e intestino, deficiencia de líquidos por síndrome de calor excesivo, doble deficiencia de chi y yin, entre otros.

Esto abre todo un abanico de posibilidades terapéuticas para la misma enfermedad. Mientras que en la medicina convencional estos pacientes reciben el mismo diagnóstico  -diabetes tipo 2 y el mismo tratamiento- en la medicina china cada uno de estos síndromes sería tratado de forma diferente.

De manera similar, en la Medicina Sistémica vemos que cada paciente puede llegar a la “misma” enfermedad por caminos muy diferentes, antecedentes, mediadores y disparadores que son únicos para cada persona.

Por ejemplo, mientras que para una persona el consumo excesivo de azúcares y carbohidratos refinados podría ser el problema principal, para otra podría ser un componente emocional, y en otra más el abuso de antibióticos con la subsecuente alteración de la microbiota (o flora) intestinal que, sabemos, es fundamental para la  regulación del metabolismo, y todavía en otra persona más podría ser una intoxicación crónica de bajo grado por metales pesados.

Y de esta manera, uno de estos pacientes necesitaría de una dieta controlada en carbohidratos, incluso cetogénica, otro de psicoterapia, otro de un protocolo de reparación intestinal y el último de un tratamiento de quelación de metales pesados.

Este tipo de circunstancias son ignoradas hoy en día por la medicina convencional y son, irónicamente, clave para el éxito del tratamiento.

Desde 1956, Roger Williams, PhD, utilizó el término individualidad bioquímica para describir variaciones entre personas relacionadas a sus respuestas al medio ambiente y sus diferentes necesidades nutricionales. Señaló cómo gemelos idénticos pueden tener requerimientos distintos para su funcionamiento óptimo. Aunque tienen los mismos genes, la expresión de estos genes es diferente según su desarrollo y estatus nutricional.

En 1950, el mismo médico Wiliams acuñó el  término ‘Enfermedades Genetotróficas’ para describir un grupo de enfermedades en el que la individualidad genética crea una demanda específica de nutrientes superior al promedio para facilitar la función del sistema y prevenir la enfermedad.

Es decir, aunque la ingesta recomendada de magnesio es de 400 mg para un adulto hombre, puede haber personas que necesiten más de 400 mg al  día funcionar correctamente.


Nutrigenómica y SNPs.

La nutrigenómica es el estudio de la interacción entre los nutrientes y nuestros genes. Sabemos que 100 calorías de brócoli y 100 calorías de papas fritas no tienen el mismo efecto en el cuerpo aunque en ambos casos se trata de 100 calorías y no hace falta ser médico o nutriólogo para darse cuenta: sólo se necesita de un poco de sentido común. Sin embargo, al parecer, el sentido común no es tan común porque la mayoría de los médicos y nutriólogos hoy en día están atorados en este paradigma calórico.

En la Medicina Sistémica vemos los alimentos primero, como información, luego como energía, entre otras cosas. La información que 100 calorías de brócoli le manda a mi cuerpo es muy distinta a la información de 100 calorías de papas fritas. Mientras que la primera le “dice” a mi cuerpo que “prenda”  genes anti-inflamatorios, anti-tumorales, anti-oxidantes, etcétera, la segunda le manda el mensaje opuesto al cuerpo: activación de genes cancerígenos, inflamatorios, pro-oxidantes.

Mucho del foco de atención de la nutrigenómica se ha centrado en los polimorfismos de un nucleótido (SNP), o variantes genéticas. Un ejemplo de esto es el polimorfismo C677T del  gen MTHFR. Este SNP hace que esta enzima sea lenta, lo que da por resultado una capacidad reducida para usar los folatos y así convertir la homocisteína a metionina y luego a SAMe para el mantenimiento de la metilación de las citosinas del  ADN y, luego, el control de la expresión genética. Pero la misma mutación podría aumentar el folato usado para hacer timidina, otra base del ADN que previene mutaciones. Esto explica porque en ambientes de escasos folatos los portadores homocigotos de la mutación C677T pueden estar más propensos a ciertos defectos y al mismo tiempo protegidos contra ciertos tipo de cáncer.

Este es sólo un ejemplo de cómo un nutriente, el folato, puede alterar la expresión de diversos genes para prevenir o tratar ciertas enfermedades. Todos los nutrientes pueden tener efectos similares en el cuerpo.

Entonces los alimentos no son sólo energía o calorías, son información y medicina para el cuerpo.

La nutrigenómica y los SNPs son algunas de las bases de esta individualidad bioquímica aunque existen muchos otros factores a considerar para hacer una medicina personalizada, tales como la cosmovisión de la persona, sus lagunas en el desarrollo, sus traumas emocionales no resueltos,  la integridad de su sistema nervioso, su estatus nutricional, el funcionamiento de su sistema digestivo y su estilo de vida, entre otros.


Estos son factores que los profesionales de la salud debemos tomar en cuenta al hacer un diagnóstico y establecer un plan terapéutico, pero que desafortunadamente muchos no hacen. ¿Por qué? Ese es tema para otro día. Mientras tanto sepan que en AWARE sí nos preocupamos por hacer una medicina personalizada.

Los esperamos con los brazos abiertos.


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