Araceli Morales – Aware

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En México, entre 4 y 5 millones de parejas tienen problemas de fertilidad y cada año se suman más, de acuerdo con información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. A nivel mundial se estima que 1 de cada 6 parejas están teniendo dificultades reproductivas.

La infertilidad se define como al menos un año de relaciones sexuales sin protección sin lograr un embarazo, o lograr el embarazo sin llegar a término.

Las mujeres y hombres se ven afectados por igual, generalmente se pone más atención sobre la mujer pero también en el hombre este problema va en aumento, se sabe que la cuenta espermática ha disminuido más de un 50% entre los años 1973 y 2013.

Entre las principales causas de infertilidad femenina se encuentra la endometriosis, que afecta la calidad de vida de 7 millones de mexicanas, según la Organización Mundial de la Salud. También encontramos causas como el síndrome de ovario poliquístico y las enfermedades de transmisión sexual.

En los hombres, problemas como el varicocele (venas dilatadas en el escroto) o enfermedades como la diabetes pueden afectar la salud reproductiva de los hombres. De igual manera, existen casos donde no podemos atribuir la infertilidad sólo al hombre o a la mujer, sino tienen un origen mixto o simultáneo, es decir, en los dos integrantes de la pareja.

Abordar este tema buscando una enfermedad como la única causa de la infertilidad puede ser limitante y no dar un resultado positivo, el abordaje de la medicina sistémica va en relación a buscar cual es la raíz de la infertilidad, investigando todos los sistemas del cuerpo en lugar de sólo enfocarse en el sistema reproductor, hacerlo así no sólo se resuelve el problema de la fertilidad, sino que también se mejora de forma integral la salud de la pareja.

Muchas parejas no se pueden embarazar por una combinación de varias condiciones subclínicas que son resultado de desbalances inmunológicos, hormonales, nutricionales.

Por ejemplo una intolerancia al gluten por sí misma no causa infertilidad, sin embargo la inflamación que produce en el intestino minimiza la absorción de nutrientes lo que nos lleva a deficiencias en nutrientes que son esenciales para producir espermatozoides sanos o para lograr tener un balance hormonal adecuado que pueda llevar a un embarazo sano.

  1. Así que revisemos algunas acciones simples que nos pueden ayudar a mejorar nuestra fertilidad:Evitar la exposición a toxinas ambientales

En la vida actual estamos expuestos a una gran cantidad de sustancias tóxicas, los agroquímicos usados en la producción de alimentos, el agua contaminada, los productos de uso diario con derivados del petróleo; y estos tóxicos terminan teniendo efectos negativos en nuestro cuerpo, el plomo es uno de los metales pesados que se ha relacionado directamente con la infertilidad pero existen otros compuestos que pueden estar produciendo efectos negativos en el sistema reproductor, y estos son:

  • Pesticidas: encontrados en los vegetales no orgánicos, en la carne, los lácteos y el agua no filtrada adecuadamente.
  • Formaldehído: se encuentra en los deodorizantes ambientales, limpiadores domésticos.
  • Bifosfenoles: se encuentran en los contenedores plásticos, en las botellas de agua, bolsas.
  • Solventes orgánicos: productos a base de petróleo, como limpiadores domésticos, cosméticos, pinturas, electrónicos.

La exposición continua que condiciona una acumulación de estas sustancias en el cuerpo provoca una disrupción de los ejes hormonales, provocando endometriosis y síndrome de ovario poliquístico, además de provocar toxicidad testicular.

        2. Evitar las grasas procesadas

Al consumir una gran cantidad de alimentos procesados, como donas, chocolates, papas fritas, pastelillos, se ha visto que puede aumentar el riesgo de infertilidad hasta un 70%, una mujer que desea embarazarse debe evitar esas grasas trans, estas alteran el la estructura de las membranas celulares, lo que provoca que no haya un buen funcionamiento de las hormonas.

       3. Disminuir el consumo de productos animales con un alto contenido de estrógenos

Los lácteos producidos de forma industrializada son la fuente de un 60% de los estrógenos que consumimos además de otras hormonas como prolactina, hormona de crecimiento, progesterona. Al tener una fuente externa a nuestro cuerpo de estas sustancias, nuestro propio balance hormonal se ve afectado.

       4. Mejorar la calidad de la alimentación

Durante el primer trimestre del embarazo, el embrión crece 20 millones de veces, en esas primeras semanas se forman los órganos de ese bebé, para asegurarnos de que todo vaya bien, es necesario que el cuerpo de la madre tenga las materias primas suficientes para crear un nuevo cuerpo, así que dentro de los alimentos que debemos consumir se encuentran proteínas de alta calidad, y grasas buenas. Los podemos encontrar al consumir:

  • Derivados animales orgánicos, peces pequeños como sardinas, leguminosas bien cocinadas
  • Granos enteros, nueces, semillas, verduras y frutas de temporada y de ser posible orgánicas
  • Aumentar considerablemente la ingesta de grasas buenas, como aceite de oliva, pescados de alto contenido en grasa, aceites con alto contenido en triglicéridos de cadena media como el aceite de coco. Tomar suplementos nutricionales de buena calidad

        5. A pesar de llevar una buena dieta, actualmente por la forma de producción de los alimentos es complicado obtener todos los nutrientes que el cuerpo necesita para un estado de salud óptimo, y sobretodo para llevar un buen embarazo, así que hay que echar mano de suplementos nutricionales de buena calidad, dentro de los nutrientes más importantes se encuentran:

  • Zinc
  • Selenio
  • Magnesio
  • Calcio
  • Vitamina B12, B6 y B9
  • Vitamina C
  • Omegas 3

 

Si estas sufriendo de dificultades reproductivas estas simples acciones podría ayudar a mejorar esta situación, es importante reconocer que cada ser es único y que las condiciones que pueden estar interfiriendo con la fertilidad no son las mismas a todos.


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En Aware practicamos la medicina sistémica, la gran diferencia con la medicina convencional que todos conocemos, es el abordaje del proceso salud-enfermedad, en lugar de limitarnos al paradigma bioquímico como determinante del funcionamiento biológico, el enfoque que seguimos es ver al ser humano como un sistema es decir, un conjunto de elementos intercomunicados entre sí con un mismo objetivo, que en este caso es la vida.

De acuerdo a este modelo sistémico tenemos que los elementos que integran al ser humano son:

    • Unidad estructural: Formada por los componentes estructurales como huesos, músculos, fascias, células, membranas.

 

    • Unidad bioquímica: Formada por los procesos metabólicos, ejes hormonales, la interacción con los microorganismos para los que funcionamos como hospedero.

 

    • Unidad biofísica: Formada por las redes de comunicación eléctrica de nuestro sistema.

 

    • Unidad psicoemocional: Formada por nuestras emociones y pensamientos.

 

  • Unidad trascendental: Relacionada con nuestro objetivo de vida.

Al tener un enfoque sistémico podemos asociar síntomas que parecen no tener ninguna relación, y en lugar de limitarnos a “quitar” esos síntomas, vamos a buscar cual es el tronco común, y resolverlo desde la raíz.

En la medicina convencional actual contamos con múltiples especialidades y subespecialidades, esto se debe a la gran cantidad de conocimiento que se ha acumulado sobre el funcionamiento de los órganos, pero al limitarnos solamente a un órgano en específico nos es imposible buscar el tronco común de síntomas que están relacionados desde lo más profundo de los procesos bioquímicos pero que se manifiestan en diferentes órganos.

Un ejemplo de esto, es la deficiencia de magnesio, éste es un mineral esencial que está involucrado en más de 300 reacciones metabólicas esenciales, y así tenemos que una persona con deficiencia de magnesio puede tener diabetes mellitus,  hipertensión arterial migraña y asma; con el enfoque convencional, lo que se hace es que el endocrinólogo se encarga de la diabetes, el cardiólogo de la hipertensión, el neurólogo de la migraña y el neumólogo del asma, siguiendo las guías de manejo realizadas por las asociaciones correspondientes, haciendo uso del múltiple y variado arsenal de medicamentos, y aún así una gran cantidad de pacientes se clasifican como descontrolados.

Al clasificar los síntomas y signos que los pacientes presentan, y asignarles una etiqueta, es útil para simplificar el proceso de la atención médica, ya que así nos limitamos a seguir guías establecidas para cada una de las “enfermedades” haciendo intervenciones dirigidas con un enfoque determinista. Es por esto que actualmente las enfermedades crónicas, siguen siendo crónicas, porqué no nos preguntamos qué más hay de fondo, o como estos signos y síntomas están interrelacionados.

Al tener un pensamiento sistémico nos preguntamos que hay en común en todas esas enfermedades y qué unidades están afectadas, lo que nos permite realizar intervenciones simultáneamente, dirigidas a las diferentes unidades del sistema, siempre buscando encontrar la raíz y resolver el problema.

Para realizar estas intervenciones echamos mano de las múltiples alternativas que tenemos en la medicina y que han demostrado tener un efecto benéfico, con el menor riesgo de efectos adversos. La osteopatía y cadenas musculares interviene en la unidad estructural, para la bioquímica hacemos uso de la nutrición como una herramienta pivote, también de nutracéuticos y en algunos casos de fármacos tanto alópatas, como homeópatas, para la unidad biofísica se usa acupuntura, electromagnetismo, para la psicoemocional se trabaja en conjunto con la psicoterapeuta, y es así como al hacer un abordaje sistémico, se pueden realizar intervenciones desde la raíz logrando en muchos casos revertir enfermedades etiquetadas como incurables.


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Actualmente tenemos el mercado inundado de productos bajos en grasa, en sodio, cero calorías, cada día aparece un tipo de ejercicio nuevo que “quema más calorías”, de cirugías bariátricas donde prometen una pérdida de peso rápida y sin esfuerzo, sin informar de las consecuencias sobre el organismo a largo plazo;  y a pesar de eso el porcentaje de la población que se encuentra en estado de sobrepeso/obesidad no disminuye y la incidencia de enfermedades relacionadas, sigue en aumento.

Una razón es nuestro pensamiento reduccionista, se atribuye la ganancia de grasa corporal a un desbalance entre “calorías que ingerimos y calorías que gastamos” ello sin tomar en cuenta que el ser humano es un sistema abierto; donde más que las calorías, lo que importa es la fuente de éstas, donde más que pasarse horas en el gimnasio lo que importa es estar en constante movimiento.

Tener un peso saludable o más bien una adecuada composición corporal, no se trata de ecuaciones lineales,  “pase 2h en la elíptica ésta dice que queme 700 kcal entonces tengo derecho a una rebanada de pizza y un refresco light”.  Hay que tomar en cuenta un mayor número de variables, ¿esa persona se la ha pasado haciendo dietas hipocalóricas mal balanceadas que pudieron llevarla a una fatiga adrenal o deficiencia nutricional? ¿tiene un desequilibrio en la microbiota intestinal que está originando una inflamación crónica de bajo grado o una mala absorción de nutrientes? ¿se pasa una hora intensa en el gimnasio y el resto del día es totalmente sedentaria? ¿en su alimentación hay un predominio de alimentos procesados? ¿tiene mala calidad y poca cantidad de sueño? ¿tiene una relación emocional con la comida, come cuando se siente triste o ansiosa?.

En fin, la lista de variables involucradas en el sobrepeso/obesidad son numerosas y cada persona tiene una combinación específica de éstas, por lo cual las acciones a tomar son totalmente individuales y cambiantes sobre la línea del tiempo. Es por esta falta de individualización que los procedimientos/dietas/medicamentos/programas de ejercicio, que existen para el control de peso no han hecho merma en los índices de obesidad.

El personal médico debe de hacer equipo con el paciente, con el nutriólogo y con el entrenador, y en también con el psicoterapeuta. Es un trabajo en conjunto en donde el actor principal es el paciente, un médico debería ser encargado de dirigir la obra, teniendo pleno conocimiento del guión y de los otros actores involucrados, es decir tener una visión sistémica del proceso.

¿Qué es tener una visión sistémica? Es ver al paciente como un sistema abierto, complejo, dinámico, con una historia personal, que interactúa con un medio, donde hay “inputs” de diferentes tipos, dentro de los que destacan los bioquímicos (alimentos, tóxicos, microorganismos) psicológicos (estrés, depresión), estructurales (sedentarismo); donde cada uno debe de ser identificado y analizado para poder establecer una ruta que ayude a revertir el proceso, llevando al sistema a las mejores condiciones y así éste vuelva a tomar el cauce hacia el restablecimiento de la salud y no sólo a perder kilogramos de peso para después ganar el doble en menos tiempo que llevo perderlos.



Estrés oxidativo.

En la vida moderna es común escuchar la palabra estrés, la mayoría de las veces la usamos para referirnos a la respuesta de nuestro cuerpo hacia las situaciones complicadas de la vida y si bien el exceso de este tipo de presiones tiene un efecto nocivo en nuestra salud, hay otro tipo de estrés que tal vez ignoramos y sobre  el cual debemos de poner atención: el estrés oxidativo.

Término usado por primera vez en 1985 por Helmut Sies, el estrés oxidativo se podría definir como “un desequilibrio entre oxidantes y antioxidantes a favor de los oxidantes, lo que lleva a una interrupción de la señalización redox y el control y/o daño molecular”. (1)

Es importante definir adecuadamente el término si hacemos hincapié por tratarse de un desequilibrio. La formación de radicales per se no es totalmente nociva para el humano, de hecho es necesaria, sin embargo, el exceso de éstos sin la contrarregulación de los antioxidantes es lo que nos lleva a ese estado de desequilibrio con el posterior daño biológico.

 


¿Qué son los radicales libres?

Para entender qué son los radicales libres es necesario realizar un breve repaso a la composición básica del ser humano. El cuerpo está compuesto por diferentes células que a su vez se componen de moléculas distintas, las cuales, se forman a partir de diferentes átomos unidos por enlaces químicos.

Los átomos tienen protones (partículas positivas) y electrones (partículas negativas), éstos últimos son los que se encuentran en la parte más externa de la estructura atómica y se comparten con otros átomos para así poder formar los enlaces químicos.

Un radical es cuando uno de estos átomos pierde un electrón porque queda incompleto y a su vez tenderá a reaccionar con otros átomos para recuperar el electrón. Esto se denomina reacción de oxido-reducción o más comúnmente conocida como oxidación.

La principal fuente de producción de radicales es el metabolismo aerobio, proceso que ocurre dentro de la mitocondria celular mediante, el cual, los alimentos que ingerimos pasan por una serie de procesos bioquímicos que se oxidan y liberan electrones, que son transportados por unas moléculas especializadas que los llevan a la cadena respiratoria, en la cual, interviene el oxígeno como receptor de esos electrones. El producto final es la formación de ATP (adenosin trifosfato) la molécula que funciona como moneda de cambio energético.

Cuando hay una mal funcionamiento mitocondrial o un daño directo sobre este organelo celular, se produce una fuga de electrones que son atrapados por el oxígeno molecular formando así los radicales derivados del oxígeno, a los que se les denomina Especies  Reactivas del Oxígeno, aquí se incluyen el anión superóxido, el peróxido de hidrógeno (no es precisamente un radical pero sí un precursor)  y los radicales hidroxilo.

Dentro de nuestro cuerpo tenemos otras fuentes de radicales producidas de forma intencionada; por ejemplo, por parte del sistema inmune, los fagocitos (neutrófilos, eosinófilos, macrófagos). Estas células reconocen a un microorganismo patógeno y lo envuelven cuando activan mecanismos de producción del anión superóxido como parte de su estrategia para matar al invasor. El organelo celular aquí involucrado es el retículo endoplásmico. (2)

Otra especie de radical son las Especies Reactivas del Nitrógeno, en el que se incluyen el óxido nitroso y el peroxinitrito. El primero es formado por las células que recubren nuestros vasos sanguíneos y se considera un potente vasodilatador, es decir, hace que el músculo de los vasos sanguíneos se relaje, lo que ayuda a mantener una presión arterial normal.

Los radicales libres también pueden llegar a nuestro cuerpo desde afuera, en factores ambientales como lo son los rayos solares, la contaminación del aire, en lo que comemos, con los productos procesados, especialmente las grasas vegetales cocinadas, los  pesticidas, el humo del cigarro, el alcohol y algunos medicamentos.


Daño por radicales

La inestabilidad estructural que tienen los radicales les confiere una avidez física por capturar un electrón de cualquier otra molécula de su entorno, de esta forma pueden establecer reacciones en cadena. Los lípidos representan el grupo más susceptible por sus dobles  enlaces y por ser la molécula más expuesta al ser parte de la membrana celular. El daño a los lípidos se conoce como peroxidación de lípidos. El radical hidroxilo ataca al ácido graso cuando roba un electrón, dejando al ácido graso con un radical libre dentro de sus átomos constituyentes.

Este proceso, al darse en cadena y de forma repetitiva, conduce a la membrana celular a perder sus propiedades estructurales y funcionales lo que conlleva a la muerte celular.

Las proteínas también son susceptibles a la acción de los radicales, ya que dentro de  su estructura tienen cadenas laterales vulnerables al robo de electrones, lo que conduce a la modificación de la estructura de las proteínas, al modificarse se pierde la función biológica.

La otra molécula susceptible al daño son los carbohidratos, pues al ser oxidados por el radical, se altera su función.

Tal vez dentro del daño más conocido por los radicales es el que se da sobre los ácidos nucleicos: las  moléculas constituyentes del ADN. Este daño condiciona al cambio de nuestra información genética al producirse mutaciones, las cuales, terminan en proteínas no funcionales lo que puede conllevar a la aparición de células tumorales o en la muerte celular. (3)


Relación con las enfermedades crónicas.

En la Diabetes Mellitus y en la obesidad hay un estado metabólico que se puede denominar como “glucolipotoxicidad” es decir, la toxicidad inducida por el exceso de glucosa y de lípidos en la sangre. La glucosa induce estrés oxidativo por varios procesos bioquímicos mientras los lípidos favorecen la resistencia a la insulina y el depósito anormal de los mismos en varios tejidos, como el hígado, corazón y páncreas, induciendo estas dos situaciones a una respuesta inflamatoria.

La resistencia a la insulina es el factor común de varias de las enfermedades crónicas, como diabetes y obesidad, y actualmente se ha demostrado una relación estrecha entre ésta y la inflamación  inducida por el exceso de especies reactivas del oxígeno.

La obesidad por sí misma es un estado de inflamación crónica, una respuesta a esta inflamación es el exceso de producción de especies reactivas de oxígeno, lo que favorece al daño de las paredes vasculares. (4)

En cuanto a las enfermedades neurológicas como Alzheimer y Parkinson, se ha demostrado un efecto tóxico del exceso de especies reactivas del oxígeno al inducir el daño neuronal desencadenando una respuesta inflamatoria y posteriormente la muerte de estas células. (5)

Como varios de los procesos que se dan en nuestro cuerpo, la formación de radicales libres se tiene que mantener en un estrecho control, pues es necesaria su producción a ciertos niveles, como es necesaria su regulación cuando hay un exceso, además de ser parte de un sistema que funciona de forma interconectada, ya que como vimos, hay una estrecha relación con el sistema inmune.

 


Bibliografía

  1. Sies H. Oxidative stress: a concept in redox biology and medicine. Mini Review. Redox Biology (4), 2015, pp 180-183.
  2. Kalyanaramn B. Teaching the basics of redox biology to medical and graduate students: Oxidants, antioxidants and disease mechanisms. Redox Biology (1), 2013, pp 244-257.
  3. Velázquez M, Prieto B, Contreras R. Envejecimiento y radicales libres. Ciencias (75), 2004, pp 36-43
  4. Alfadda A, Sallam R. Review Article. Reactive Oxygen Species in Health and Disease. Journal of Biomedicine and Biotechnology, 2012.
  5. Brieger K, Schiavone S, Miller F, Krause K. Reactive oxygen species: from health to disease.Swiss Med Wkly, (142) 2012.

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